Ya estamos en mayo y empieza la época del año en la que estamos más tiempo al aire libre, para mí, la más bonita, pero también en la que deberíamos intensificar nuestra protección solar.

El sol es necesario para el correcto funcionamiento de nuestro organismo ya que es la fuente principal de vit D, imprescindible para fijar el calcio en los huesos, por lo que sería conveniente estar al sol 15 min sin protección a primera hora de la mañana unos tres días en semana. Pero lo que no podemos hacer es abusar de él.

Cada vez estamos más concienciados en que tenemos que protegernos del sol para prevenir la aparición de manchas y evitar el fotoenvejecimiento, pero el daño que puede producir a nuestro organismo el abuso de la exposición al sol va más allá.

El daño actínico es la “memoria de la piel”, el grado de afectación producido por la exposición continuada a los rayos del sol, que durante los años va produciendo pequeñas alteraciones en el ADN de las células de la piel, pudiendo desencadenar en queratosis actínicas o melanomas, por lo que tenemos que ser conscientes de esto y “tomar el sol” con cabeza.

Por eso la protección solar es fundamental y no sólo por estética, tendemos a pensar que sólo necesitamos protección UV cuando está soleado, pero la radiación está omnipresente durante todo el año, incluso a la sombra o cuando está nublado. Se estima que, alrededor del 80% de la radiación ultravioleta penetra a través de las nubes, por lo que utilizar una protección solar adecuada es imprescindible. A casi todas nos ha pasado que hay un día nublado, nos relajamos a la hora de ponernos la protección y al final nos damos cuenta que nos hemos quemado.

Es algo que no tenemos tan interiorizado en invierno y sobre todo cuando pasamos la mayor parte del día en la oficina y creemos que por lo tanto no nos tenemos que proteger, pero una de las radiaciones a la que estamos expuestos es a la luz visible y constantemente estamos rodeados de distintos tipos de radiaciones lumínicas de las que también hay que protegerse y no es escusa “no estar al aire libre” para no ponerse protección, por supuesto en el trayecto que estamos en el coche.

De lo que también somos conscientes en gran medida es que los anticonceptivos provocan manchas, pero no solo ese tipo de medicamentos son fotosensibilizantes. En nuestro día a día tomamos, sin ser consciente de ello, algunos fármacos que nos hacen más vulnerables a los efectos de las radiaciones solares, como son´: algunos antidepresivos, antibióticos, diuréticos, antiulcerosos, antiinflamatorios, psico-fármacos y los tan utilizados en esta época del año; los antihistamínicos, en estos casos hay que extremar la protección y exposición.

Estas distintas longitudes de onda de las radiaciones que llegan a nuestro organismo, alcanzan nuestra piel con distintas profundidades y produciendo efectos biológicos diferenciados. La piel cuenta con sistemas de defensa ante la radiación solar, como son la producción de melanina o la liberación de sustancias antioxidantes, por lo que los efectos en nuestro organismo van desde la oxidación celular, eritema, daño actínico, manchas, envejecimiento, etc.

Por eso también tenemos que elegir una protección de amplio espectro, no sólo del UVA y UVB, también os tengo que contar bastantes cosas sobre las protecciones, pero eso en el siguiente post.